Historia del dibujo de un soldado en la pared

RECUERDOS DE LA GUERRA CIVIL EN EL PALACIO DE MAYORALGO

Cuando asistí a la inauguración del Centro de información y documentación de Vías Pecuarias de Malpartida  el 27 de abril de 2010, tras recibir la cordial invitación del Ayuntamiento a todos los malpartideños y especialmente a los de la calle Santa María  que adornaron la calle ambientándola en la época en que la trashumancia era habitual, tuve la agradable sensación de ver remodelado y restaurado un viejo edificio que conocía desde mi infancia y  siempre estuvo deshabitado, semiabandonado y que sólo servía de almacén de granos, pajar, y otros usos ganaderos durante décadas y últimamente cedido para guardar objetos de gran tamaño de uso religioso: andas, estructuras para Semana Santa, etc.

     Después de ver todo el edificio  y comprobar la gran obra realizada, así como todo lo expuesto del mundo de las vías pecuarias, trashumancia, pastores, ovejas y lanas me fijé en un recuerdo que tenía de mi infancia, pues a veces jugaba en su interior con un amigo de la familia propietaria en épocas de cosecha, una pequeña pero expresiva pintura mural a lápiz que alguien había hecho y pensé que en la remodelación habría desaparecido pues parecía un vulgar graffiti de otra época. Mi sorpresa fue mayor cuando esa pintura estaba conservada y protegida como un vestigio del uso que tuvo el Palacio en otro tiempo: fue Cuartel provisional de las tropas nacionales durante los años que duró la Guerra Civil.

Según testimonio directo de una persona que entonces tenía 14 años y vivía en esa calle, estuvo ocupado dicho edificio, así como el también Palacio de la calle Fajardo, por soldados nacionales, unos cien aproximadamente, de "Regulares" popularmente llamados "Moros". Algunos portaban en sus uniformes una insignia con una calavera que ella recuerda vivamente. Estos soldados moros hacían por las mañanas pequeños fuegos entre el bordillo y el empedrado para preparar el té que tomaban habitualmente.

También recuerda escuchar, a veces, de noche, voces y gritos de soldados que eran castigados por sus superiores a golpes porque, según decían, tenían "el demonio en el cuerpo".

Las familias de las casas cercanas atrancaban sus puertas por miedo, pues los soldados, aunque "amigos", podían cometer algún desmán propio de la soldadesca, como había ocurrido siglos atrás en Zalamea de la Serena y que el insigne Calderón de la Barca supo reflejar en su inmortal obra El Alcalde de Zalamea.

Recuerda también que un soldado moro, bastante adulto, fue andando a Arroyo y en el camino encontró a una mujer en un huerto a la que violó brutalmente, siendo sancionado por ello. Es posible que fuera uno de aquellos con "demonio en el cuerpo".

Los oficiales y suboficiales no dormían allí sino que estaban distribuidos entre las familias acomodadas o que tuvieran casas suficientemente espaciosas para alojarlos. De esta forma, ayudaban al esfuerzo bélico.

Después de estos retazos de historia del Palacio, el graffiti en cuestión (yo le llamaría mejor dibujo mural) pues desgraciadamente los graffitis actuales ensucian nuestros pueblos y ciudades con simples garabatos y extraños dibujos que, salvo escasas excepciones, no tienen ni arte ni decoro, realizado en la pared sobre una puerta, que actualmente es de la oficina del centro, es de unas medidas discretas unos 60 cm de alto por 40 de ancho y en él, el autor, un soldado posiblemente maño, que firmó su obra con un J. Amador, plasmó un suceso que ocurrió, según el texto escrito debajo al comienzo de la Guerra Civil en Zaragoza:

"3 de agosto de 1936. Un avión enemigo dejó caer tres bombas sobre el Templo produciéndose el milagro de no explotar ninguna."

El dibujo representa la basílica del Pilar, la Virgen, el puente sobre el río Ebro y el avión enemigo.

Para la España nacionalista fue un milagro de la "Cruzada" contra los ateos rojos; para la España republicana era los efectos del material de guerra anticuado y deteriorado de que disponía para sofocar la rebelión militar, según el historiador Dimas Vaquero. Que el lector elija lo que crea oportuno.

Sin ánimo de quitarle mérito al soldado-artista que lo dibujó, seguramente se inspiró en una tarjeta postal que se hizo para conmemorar el suceso que provocó una oleada de indignación en toda la zona nacional y animó tanto la resistencia de Zaragoza.

Dos de las bombas están todavía expuestas en una de las paredes de la Basílica del Pilar y el lugar donde cayó la otra, en la Plaza, marcada con una cruz y la fecha.

Esta es la pequeña historia del Palacio de Mayorazgo hoy convertido en Centro de Interpretación de Vías Pecuarias que merece ser visitado por todos los malpartideños y por los turistas que vengan a visitarnos.