Un apóstol del Nazareno.

Con motivo de la restauración del Nazareno

El Nazareno con la túnica regalada en 1934-Foto JA Agundez
D. FAUSTINO GIMENO AMIL

Con motivo de afrontarse actualmente por la empresa Tekne de Madrid la restauración de la imagen de Jesús de Nazareno, traemos al recuerdo la figura de D. Faustino Gimeno Amil, quien allá por los años de la República puso en valor la talla, promovió su restauración e incrementó -si ya no lo fuera bastante-, su culto y devoción entre los malpartideños.

D. Faustino Gimeno fue durante un breve periodo regente de la farmacia de D. Manuel Pedregal Porro, la cual se hallaba vacante por defunción del titular en 1933. Dña. Pura Higuero, viuda de D. Manuel, para mantener la botica familiar y a su extensa prole, hubo de poner al frente de su negocio hasta la finalización de los estudios de farmacia de su hijo D. Manuel Pedregal Higuero, a licenciados que ejercieran como regentes. Y así llegó desde Cáceres el mencionado D. Faustino Gimeno en los primeros meses de 1934 para suplir por fallecimiento al que lo había sido con anterioridad D. Higinio Pallés.

Enseguida, el joven regente de la botica de Pedregal se manifestó como un laborioso activista, miembro destacado de la Juventud Católica. Adornado de grandes dotes de bondad y de generosidad, D. Faustino "busca impaciente campo donde poder hacer sus obras de caridad", sembrándolas con prodigalidad dado que tanto el terreno como el tiempo en que transcurre su acción eran propicios para ello. D. Faustino socorría con medicamentos y dádivas en metálico a los enfermos de familias necesitadas, les acompañaba, les acariciaba, les incorporaba y les daba el alimento, arriesgando su propia salud, no importándole que la enfermedad fuera incluso contagiosa; les confortaba en el trance de la enfermedad y les ayudaba a bien morir consolándolos con palabras de fe. Su humildad le impedía dar a conocer su meritoria obra, haciéndolo sus amigos y conocidos como el corresponsal del Extremadura D. Juan Andrada Ollero quien le dedicó una serie de artículos en los que, para no herir su modestia, silencia su nombre y le llama como el señor X.

En este empeño de poner en práctica a toda costa la doctrina evangelizadora le ayudó mucho la devoción y culto que en Malpartida de Cáceres se tenía -y se sigue teniendo- a la imagen de Jesús Nazareno. Cuando recién llagado a Malpartida tiene ocasión de admirarla, D. Faustino "queda encantado de su belleza, seria y triste, y decide repararla, pues precisa una costosa reparación, que pronto se ve realizada". Dos artistas locales, D. Alfonso Gómez y D. Antonio Maestre "tío Truque", -éste último carpintero de profesión-, fueron los encargados de ejecutar aquella limpieza y restauración, añadiéndosele a la talla como novedad en este momento unos ojos de cristal que le proporcionan mayor realismo. Con motivos de estos trabajos, que fueron costeados en su totalidad por D. Faustino, la imagen fue observada con mayor detenimiento, debiendo reparar entonces en la inscripción que se halla en la base de la peana y que dice literalmente "Joseph Salvador Carmona Le Yzo en Madrid Año De 1780". Este desconocido dato para la mayoría de los vecinos no pasa desapercibido para D. Faustino, quien inmediatamente difunde la importancia del artista y la antigüedad de la imagen.

Seguramente fue en estos días cuando el referido benefactor hizo retratar la imagen, sacando algunas fotografías que regala entre sus allegados y amistades. Una de estas fotografías fue a parar a manos de la estudiante de magisterio Isabel Alcántara Doncel -la popular y querida maestra Doña Isabel que murió hace poco a los 100 años-, la cual se encargó de enseñarla al ilustre catedrático D. Antonio Floriano Cumbreño, experto arqueólogo y profesor de historia del arte, quien al tener la fotografía delante, "la mira, coge una lupa y dice: "La cara es obra de Carmona, pero los ojos, no". Y así lo declaró sin que nadie se lo advirtiera". Efectivamente, como más arriba hemos referido, aquellos ojos postizos se le habían añadido en la última restauración. Ello motivó que en mayo de aquel mismo año 1934, en una excursión que los alumnos de cuarto curso de la Escuela Normal realizaron a Alcántara con los profesores Floriano Cumbreño y Miguel Ángel Ortiz Belmonte, éstos decidieran a su regreso entrar en Malpartida "para apreciar de cerca el mérito de la valiosa imagen de Jesús de Nazareno". La visita constituyó todo un acontecimiento escuchando tanto los alumnos normalistas como el público reunido las explicaciones que sobre la misma daban los profesores -y que el corresponsal "Clarín" recoge en su crónica del 10 de mayo en el Extremadura de esta manera:- "Don Antonio habla, y don Miguel Ángel asiente y confirma la exactitud de su autor. Dice el señor Floriano que la imagen es sublime y grandiosa obra de la imaginería española, expresión del dolor humano del Divino Maestro en la cumbre del sacrificio por la humana redención... Sólo un defecto: la desproporción entre la cabeza, severa, triste y majestuosa, de belleza suma, y el cuerpo escuálido y pequeño. Defecto subsanado con la firma del autor, de fama mundial, no en el arte de la imaginería, que acaso ésta sea su única obra escultórica, sino en la litografía, en la que son famosas las planchas litográficas reproducción de las obras de Velázquez y otros" . Elogios que, provenientes de personas tan doctas e instruidas como los profesores Floriano y Ortiz, sirvieron para que el pueblo añadiese a la fe y devoción que por la imagen ya sentía la consideración de su valor estético y artístico. La admiración, pues, por la talla creció y no sólo entre los lugareños, muchas personas destacadas de la capital se acercaron a Malpartida para contemplar la imagen.

En junio de aquel mismo año, D. Faustino abre con 50 pesetas una suscripción con la que recaudar fondos para la confección de una nueva túnica destinada a vestir la venerada imagen en las solemnidades, empresa en la que participó prácticamente todo el vecindario, cada uno con lo que buenamente podía, publicándose las listas completas de la postulación. Se llegó a reunir la cantidad -nada despreciable para la época- de 500 pesetas, con las cuales se elaboró una bella túnica morada bordada que ha lucido Jesús Nazareno en las procesiones del Jueves Santo durante más de setenta años, siendo hoy la túnica que viste a diario. Todas estas iniciativas de D. Faustino estuvieron favorecidas y apoyadas por la familia Pedregal Higuero, especialmente por Doña Pura, sus hijos y nietos, fervientes devotos todos del Nazareno malpartideño. Hasta el punto, que fue en estos años cuando la familia Pedregal se hizo cargo como mayordoma de la imagen habiendo estado en su seno y servido durante algo más de seis décadas. Precisamente la restauración que se ha llevado a cabo, se ha realizado en la casa de Dña. Pura, espacio cedido para tal fin por sus descendientes.

Para terminar estos renglones, todavía contaremos un hecho que conmovió a Malpartida y que da idea de la filantrópica labor del Sr. Gimeno. Estando el joven de veinte años Juan Mateos Domínguez postrado en cama y gravemente enfermo, D. Faustino le visitaba, le curaba, le daba de comer compartiendo con él los alimentos, le consolaba con palabras de ánimo. Jesús Nazareno era siempre su valedor y a su imagen de dolor recurría muchas veces D. Faustino para dar esperanza al joven enfermo. De tal manera, que el desgraciado joven, imposibilitado para girarse en la cama y falto completamente de fuerzas, llegó a realizar un supremo esfuerzo volviéndose para buscar con su mirada la fotografía del Nazareno malpartideño que D. Faustino le había dejado en la habitación. Una conmovedora carta que a modo de última voluntad redactó el propio Juan de su puño y letra, y que aún hoy se conserva, nos da idea de la impronta que dejó sobre su espíritu la caridad del Sr. Gimeno: "Madre: le dice usted a don Faustino, el boticario, que viene Dios Nuestro Señor rodeado de ángeles a por mi. Madre: dígale usted que me pone a su mano derecha. Madre: Le dice usted a don Faustino que por las visitas que me ha hecho he alcanzado la Gloria. Madre: Si quiere usted mucho a su hijo, el que va a ser pronto de Dios, le agradecerá mucho a don Fautisno sus visitas... Don Faustino: Lo último que le pido que mire usted por mi madre y mi hermano que es lo que más quiero. Nada más le pido. Se despide para siempre hasta que nos veamos en el cielo". Jesús Nazareno quiso que este reencuentro sucediera relativamente pronto, pues Don Faustino murió el 21 de marzo de 1939 en Madrid, víctima de la barbarie de la Guerra Civil, muy pocos días antes de la finalización de la contienda.