"No siento que trabajo en un territorio hostil porque Palestina se ha convertido en mi hogar"

El 8 de septiembre el Día de Extremadura comparte celebración con el Día del Cooperante, que rinde un homenaje a esos miles de personas que un día decidieron entregarse por completo a una causa y trabajan diariamente en tareas de desarrollo, justicia, derecho y solidaridad en países de todo el mundo. Y entre esas miles de personas nos encontramos con Adriana Ortiz, una joven morala que estuvo afincada en Malpartida de Cáceres durante su adolescencia y que actualmente trabaja en una ONG en Palestina

Laura Sánchez MALPARTIDA DE CÁCERES 12 Sep 2016

También ha vivido en Cáceres, Madrid, Barcelona, Holanda, Francia... Es sin duda una mujer que se ha hecho a sí misma y no dudó en cruzar las fronteras de lo desconocido para luchar por una causa en la que creía, la justicia y libertad del pueblo Palestino. De eso hace ya tres años. Actualmente es coordinadora de proyectos de cooperación y acción humanitaria con la ONG catalana NOVACT en Palestina, en la que se encarga de la gestión y coordinación de proyectos relacionados con los derechos humanos, el apoyo legal a defensores de derechos humanos y a la formación en derecho internacional y humanitario.

Es antropóloga y arabista, ha cursado dos másters, uno en Resolución de conflictos en el Mediterráneo y otro en Derecho de la UE y su interés por el mundo arabo-musulmán comenzó durante sus estudios en Italia…

¿Qué despertó su interés por Palestina?

Mi interés por la política internacional, en concreto del mundo arabo-musulmán comenzó durante mi estudios en Italia hace unos diez años, donde me matriculé varios cursos sobre historia y cultura del mundo árabe en la Universidad. Desde aquel momento, decidí especializarme en el mundo árabe. Me licencié en Filología Árabe y la religión, la literatura y lenguas árabes se convirtieron en una de mis pasiones. Viajé a Marruecos y Egipto y estudié lengua árabe en Túnez antes del inicio de las “revoluciones”.

En cuanto a Palestina, he estado desde hace muchos años vinculada a este país por motivos sentimentales y profesionales, además de haber participado en el movimiento de boicot, desinversiones y sanciones en Cataluña, hasta que finalmente decidí trasladarme y trabajar desde “dentro”.

¿Cómo es trabajar en un territorio hostil?

No siento que trabajo en un territorio hostil porque esta tierra se ha convertido en mi hogar. Lo que está claro es que resido y trabajo en un país ocupado y bajo un régimen brutal de opresión y sistema de apartheid que también sufro, aunque en menor medida que los palestinos y palestinas, por el mero hecho de ser una ciudadana no-local.

Por eso creo que no podré transmitir lo que los palestinos y palestinas sufren cada día, ni tampoco el estado actual de la situación de este país.

¿Cómo son los desafíos profesionales a los que se enfrenta cada día?

No creo que los desafíos profesionales diarios sean mayores que trabajar en cualquier otro país, pero es cierto que la situación política repercute en la estabilidad personal y en la calidad de vida, absolutamente. Como ejemplo, cada vez que debemos desplazarnos a otra ciudad como Jerusalén (a tan sólo 14 km de Ramallah, la ciudad donde resido) debemos pasar por un punto de control israelí, donde además pueden cuestionarnos y revisar nuestros coches, lo que puede llevarnos horas. A menudo, y sobre todo desde el pasado octubre, el ejército de las fuerzas de ocupación entra en las ciudades y pueblos de noche para detener o secuestrar a ciudadanos palestinos, demoler casas, causar enfrentamientos que suelen acabar con palestinos asesinados, etc…

¿Cuál piensa que es el mayor problema de la región?

El principal problema de la región y origen de la situación actual de Palestina es la ocupación. El proceso de colonización de Palestina por parte del Estado de Israel desde el año 1948 ha desplazado a millones de palestinos dentro y fuera de Palestina, ha llevado a cabo un genocidio que hasta el momento no se ha detenido, ha creado un sistema de apartheid y de desapropiación de la identidad de la población local palestina que aún continúa. Y no creo que no haya una solución, la hay, pero no a corto plazo. Y esta será la descolonización de Palestina. Sin embargo, no es sólo la ocupación el principal problema al que los palestinos y palestinas enfrentan cada día, sino también su propio gobierno (la Autoridad Palestina) que en cierta medida favorece la sostenibilidad del Estado de Israel.

¿Cuáles cree que podrían ser las posibles soluciones al problema?

No se trata de un problema, ni de un conflicto, ni de una guerra. Se trata de ocupación, de colonización, y posteriormente de la creación de un sistema de apartheid, de desapropiación de tierras, de identidad…

Como he mencionado, la única solución viable desde mi punto de vista es la descolonización y desionización de Palestina. Y posteriormente, de establecer un estado democrático donde los ciudadanos gocen en plenitud de sus derechos.

In situ, ¿qué es lo que más le sorprende?

Lo que cada día más me fascina de este lugar es la capacidad de resistencia y resiliencia de los palestinos y palestinas, que después de más de 60 años de ocupación siguen al frente, resistiendo y luchando. Aquí, vivir es resistir. Y cada día, cada mujer, cada hombre y cada niño y niña resiste, simplemente existiendo.

También me sorprende la firmeza de muchos palestinos y palestinas a resistir hasta en las situaciones más vulnerables, como por ejemplo, los prisioneros que deciden embarcarse en una huelga de hambre, que supondrá libertad o muerte, con el fin de denunciar la tiranía de las fuerzas de ocupación.

¿La violencia es indiscriminada?

La violencia por parte del ocupante (el Estado de Israel) es indiscriminada, estratégica y planificada. Forma parte de un plan y de una estrategia a largo y corto plazo. A menudo la sociedad occidental a través de los medios de comunicación percibe que quienes perpetran actos de violencia son los palestinos, pero son actos de desesperación, de pérdida de identidad y de futuro. Y no estoy justificando ni mucho menos estos actos, sino que trato de analizar el origen de la situación a la que se ha llegado en la actualidad.

La violencia no son sólo actos criminales, sino que hay una violencia que va más allá, y es la violencia estructural, quizá más invisible o de difícil análisis entre la sociedad occidental. Los palestinos cada día sufren violencia a través de confiscaciones de tierras, de chequeos, de limitaciones de movimiento, de demoliciones de hogares, de ejecuciones extrajudiciales, de bloqueo, etc…

Los palestinos en Gaza llevan más de 10 años bajo bloqueo. Tan sólo reciben 4 horas de electricidad al día, y el 99% del agua en la franja no es potable. La frontera con Israel está cerrada y también la frontera que comparte con Egipto está cerrada. Tan sólo en el último mes ha habido más suicidios que en todo el año pasado. Esto es violencia.

¿Qué ha cambiado de su forma de ver el conflicto desde que vive allí?

Una de las cosas que precisamente he aprendido desde que estoy aquí es que no se trata de un conflicto. En primer lugar porque un conflicto no es necesariamente negativo y no debe conllevar violencia, sino que puede ser un proceso de transformación, y en segundo lugar porque un conflicto presupone un enfrentamiento entre dos entes que se oponen. En este caso no se trata de dos estados o dos ejércitos, por ejemplo, contrapuestos en igualdad de condiciones, sino que podemos identificar que hay un Estado opresor y un pueblo oprimido.

¿Qué ha aprendido en este tiempo de la situación Palestina?

En ocasiones pienso que más que aprender, he desaprendido. Cuando llegué a Palestina me había nutrido principalmente de informaciones provenientes de medios occidentales, tanto de mainstream como alternativos, y venía con mis propios prejuicios, pero quizá con unas ideas más claras, aunque más limitadas, de la situación en Palestina. En estos momentos sigo en proceso de aprendizaje porque son muchos los factores, los actores y las dinámicas que toman parte de la actual situación del país y que serán claves para alcanzar la justicia.

A la izquierda, Adriana junto a un grupo de personas de la Popular Struggle Coordination Committee. A la derecha se encuentra junto al Muro de Belén.

CEDIDAS

¿Qué sectores de la población son los más afectados por la ocupación?

Todos los palestinos y palestinas sufren la ocupación. Los palestinos de Gaza, de Jerusalén, de dentro de Israel, de Cisjordania, y los palestinos y palestinas que viven en campos de refugiados en otros países como Jordania, Líbano y Siria y quienes no pueden volver a su país de origen.

Creo que especialmente los jóvenes y las mujeres son los sectores de la sociedad palestina que más desafíos han de asumir. Los jóvenes ante la ausencia de identidad y la falta de expectativas de futuro, como también los riesgos de ser encarcelados y ser objetivo de las fuerzas de ocupación Israelíes. Las mujeres porque asumen las responsabilidades familiares y las detenciones o asesinatos de sus hijos y maridos, que las pone en una situación de vulnerabilidad crítica. Además, la pobreza de sus familias las hace doblemente pobres.

¿Cuáles han sido las situaciones más duras que ha vivido?

Quizá lo que más tristeza me genera es la percepción de indiferencia de la sociedad en general, la radicalización de la sociedad civil israelí, de la complicidad de nuestros gobiernos y la situación de impotencia ante situaciones de avasallamiento de los derechos humanos de los palestinos.

¿Cómo es un checkpoint?

Una de las experiencias que más pueden marcar de visitar y vivir en Palestina es ver y reconocer el muro de separación y los checkpoints. Son herramientas del estado de apartheid israelí que limita las libertades de los palestinos y les somete a un estado de humillación continuo. Unos de los checkpoints más depravantes es el que une el Estado de Israel con la Franja de Gaza, de unos 2 kilómetros y con escáneres ineludibles.

Lo que más me preocupa cada vez que atravieso un checkpoint es la capacidad que podemos tener los seres humanos de normalizarlo y de naturalizarlo, que nos olvidemos de lo que supone para los palestinos y palestinas, y de que obviemos que todas y todos somos también cómplices hasta que no actuemos.

En qué proyectos está actualmente involucrada...

La organización con la cual trabajo tiene como objetivo general la promoción de acciones internacionales de construcción de paz en situaciones de conflicto. Actualmente tenemos proyectos en el Norte de África, Palestina, Turquía, Iraq y España.

En Palestina en estos momentos estamos trabajando a través de proyectos humanitarios y de cooperación en Gaza y Cisjordania. Nuestro trabajo lo hacemos conjuntamente con los comités de resistencia popular palestina, con el Centro de Derechos Humanos de Palestina (con sede en Gaza) y con los comités de mujeres en Palestina. Damos apoyo a la sociedad civil y a los grupos de resistencia no violenta a través del fortalecimiento del Estado de Derecho, de la representación legal, del monitoreo, la documentación y denuncia de violaciones de los derechos humanos y de la defensa de los Defensores de Derechos Humanos.

¿Cuáles son las reivindicaciones más recientes que se han hecho?

En Palestina la situación nunca es estable. Es un territorio políticamente muy volátil. Que no esté presente en nuestros medios de comunicación no significa que cada día no haya asesinatos, encarcelamientos, demoliciones, confiscaciones de tierras…

Desde octubre del año pasado la situación se ha recrudecido, lo que muchos han definido como “Tercera Intifada” y hasta el día de hoy una de las principales ambiciones de los palestinos es el fin de la ocupación. Sin embargo, también muchos palestinos y palestinas están demostrando su descontento (desde hace ya un par de décadas) con el Gobierno palestino. En los últimos meses ha sido la inesperada movilización de profesores y profesoras funcionarias que han salido a las calles para demandar a la Autoridad Nacional Palestina mejoras en su situación.

También ha tenido un impacto internacional y cobertura brutal el caso de Muhammad al Qiq, quien inició una huelga de hambre para poner fin a su estado de detención administrativa y torturas en las cárceles israelíes, y que después de 94 días concluyó que continuaría ingresado en el hospital debido a su delicado estado de salud hasta el 21 de mayo y que su arresto no sería renovado.

Actualmente más de 700 palestinos están encarcelados en prisiones israelíes sin acusación alguna y sin haber sido juzgados.

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