Recepción en el Ayuntamiento en su visita a Malpartida de Cáceres.
Recepción en el Ayuntamiento en su visita a Malpartida de Cáceres. / CEDIDA

Malpartida y Mozambique, ida y vuelta de un viaje solidario

  • Cuatro mujeres mozambiqueñas visitan la localidad para conocer a las mujeres de Amigos de Mozambique que elaboran prendas y envían enseres para colaborar con su comunidad

No importa lo desfavorecido que sea un país, la falta de recursos o la carencia de oportunidades, siempre hay detrás héroes. En este caso heroínas anónimas, que se enfrentan a las adversidades y luchan con esfuerzo y sacrificio para crear un entorno mejor, menos hostil, más afable y con mayor esperanza.

En este caso lo encarnan cuatro mujeres, que vienen de una de las zonas más pobres del mundo, y que cada día se levantan para apoyar a su comunidad y ayudar a las familias más desfavorecidas de su entorno. Ahí tiene mucho que ver la labor de Francisco José González, más conocido como Paco, el misionero cacereño que durante seis años trabajó en Mozambique y que ha sido propulsor de tantas iniciativas para generar este movimiento de colaboración y apoyo. Él ya no está allí, regresó hace un año y ahora ejerce de sacerdote en Arroyomolinos y fue nombrado delegado de Misiones de la Diócesis Coria-Cáceres, pero la semilla que sembró sigue dando frutos, pues estas cuatro mujeres continúan con la labor que promulgaron durante su misión en la zona.

Estas mujeres viven a miles de kilómetros de España, pero les une un lazo muy estrecho con Malpartida, porque aquí, también contamos con nuestras propias heroínas, que con mucho cariño crearon en 2009 la asociación Amigos de Mozambique. Para ello, el Hogar de la Tercera Edad se convierte cada viernes en un taller de costura y allí, entre telas, máquinas de coser y una gran ilusión, elaboran baberos, babis, vestidos... y recaudan fondos que posteriormente envían a esta comunidad desfavorecida.

El HOY se hizo eco de su gran la-bor hace unos meses a través del artículo ‘Un taller de costura para vestir a África’, y ahora toca conocer la otra cara de la historia, la de las mujeres mozambiqueñas que distribuyen todos los bienes que reciben de estas generosas malpartideñas.

Hablamos con Ana María, Benigna, Anaica y Guida. Dos son profesoras, una trabaja en un hospital y otra tiene un negocio de venta de carne en Mozambique. Todas trabajan como catequistas y voluntarias de Cáritas. Las cuatro han viajado por primera vez a España, su primer viaje a un país europeo, gracias al proyecto ‘La mujer africana en primera persona’, impulsado por Paco.

Es un gesto de agradecimiento por todo el trabajo que realizan en la comunidad: «El trabajo del misionero no es un trabajo individual sino que se hace en colaboración con otras personas como por ejemplo, con la colaboración de ellas cuatro», explica el sacerdote.

Con su participación en el proyecto ‘La mujer africana en primera persona’ han contado su experiencia. Por lo tanto, son ellas las que tienen la palabra...

Ana María trabaja en las distintas áreas de la comunidad, tanto como catequista como en el grupo de liturgia y a través del grupo de Cáritas hace visitas a las personas más necesitadas de la comunidad. «El primer domingo de cada mes, se hace una colecta en la misa y toda la gente colabora de una forma especial para ayudar a la gente más necesitaba que no tiene que comer», dice.

El grupo de caridad del que forma parte les lleva los alimentos y les acompaña, les ayuda con las tareas de limpieza y les da compañía. «No solo se colabora sólo con dinero –matiza– la gente colabora con un poco de harina de maíz, tomates, lo que la gente tiene en casa lo comparte con aquellos que menos tienen».

Por su parte, Benigna explica que es profesora de una de las escuelas comunitarias para niños de tres a cinco años. Tiene a su cargo a 25 nĩosyhallegadoatenera35.A los seis años, estos niños acuden a la Escuela Pública a cursar Primaria.

«En la comunidad vimos que los niños acudían a la escuela muy tarde y hicimos dos escuelas comunitarias», detalla Paco. Y Benigna es una de las responsables y acompãa a los niños durante el calendario escolar. «Nosotros nos encargamos de la organización», afirma el responsable de Misiones. «La hacemos de lunes a viernes en la capilla y así aprovechamos los espacios porque no vimos necesidad de crear nuevas infraestructuras».

Y es la lengua una de las mayores dificultades a las que se enfrentan: «Los niños hablan ‘changana’. Por lo que primero insistimos mucho en que aprendan la lengua portuguesa. En las zonas rurales está poco generalizada y es una limitación importante y lo sufren cuando van a Primaria», declara Benigna. «También se les enseñan conceptos fundamentales de higiene, ya que vienen de familias de pobreza severa y no pueden atenderlos adecuadamente. Y poco a poco se enseña los fundamentos básicos de escritura y lectura», apunta.

«Benigna ha sido el alma de estas escuelas y han ido adelante por su empeño y su compromiso», declara Paco orgulloso. Para su formación, recurrieron a personas con experiencia en la enseñanza de la capital: «Ellas no han tenido oportunidad de una formación académica, y buscamos en la capital personas con experiencia y con ellas se hizo una formación durante varias semanas, en la que se invitaron a todos los interesados», añadiendo que «consiguieron una capacitación muy buena y lo han hecho muy bien, los nĩos salían de las escuelas tras los tres años de formación básica con una buena formación».

Formación

Pero ellas no sólo se encargan de la formación académica, en las escuelas comunitarias se les ofrece alimentación. «Se les hace una papilla de harina de maíz y azúcar que les gusta mucho a los niños y es muy nutritiva. Hay que tener en cuenta que es una zona de pobreza severa, y así se les garantiza una comida al día».

Pero, ¿cómo obtienen los recursos para mantener estos servicios?

«Teníamos una mensualidad, que es poco dinero para todo lo que se hace, pero para ellos es mucho, un euro al mes. Había familias que no tenían esa posibilidad y ofrecíamos la opción de hacer una contraprestación en el colegio colaborando en la limpieza de las salas, o con la entrega de algún producto que pudiéramos utilizar en cocina. También lavando los babis, los mismos que se hacen en Malpartida. Buscamos la manera de que aporten algo para que colabore», detalla Paco. «También muchas personas económicamente colaboran con nosotros», concluye.

Por su parte, Ana María es catequista y enseña a siete niños. La formación consiste en cinco cursos y el sexto se bautizan. También trabaja con niños dando clases de apoyo, labor que desempeña con 30 nĩos: «Divido las clases los lunes, miércoles y viernes para a los niños de primero y segundo, y los martes y jueves para los niños de tercero cuarto y quinto curso», afirma. Ella trabaja coordinada con los profesores de Primaria y su labor es fundamental: «Los niños en casa no estudian y se decidió abrir una sala para que vinieran a estudiar y tuvieran a alguien que les acompañase».

En esta labor, destaca la importancia de leer y escribir. «Uno de los objetivos es centrarse en aquellos que tienen más dificultades. Hay nĩos de tercero y cuarto que no saben leer y no identifican las letras. Y en las familias hay poca motivación para que los niños estudien».

Al igual que en la Escuela Comunitaria, la situación familiar de los niños es difícil, y finalizan las horas de estudio con una merienda: «Una infusión con galletas o una papilla de maíz y azúcar. Y también sirve para motivarlos y para que coman algo, porque hay épocas muy difíciles, especialmente en años de sequía». Y ella se encarga también de esa tarea.

Del mismo modo contamos con el testimonio de Guida, que encara el día a día de los enfermos en un lugar sumido en la pobreza con su trabajo en el hospital. Se encarga de orientar a enfermos con VIH. Su labor es que los afectados puedan tomar el tratamiento adecuadamente, pero se enfrentan también a la desnutrición y a la falta de recursos.

«En el hospital no hay las condiciones que me gustaría», apunta. «A veces, los tratamientos para los nĩos se terminan, para los adultos solemos tener pero para los niños no siempre llegan a tiempo y a veces no tienen suficiente medicación», señala. A ello, añade que muchos nĩos no tienen a sus padres porque han fallecido por la enfermedad y les cuidan los abuelos, y no saben suministrarles de forma adecuada el tratamiento, por lo que ella aconsejan cómo hacerlo.

El VIH explica que es una de las enfermedades más presentes en la zona, al igual que la malaria. También señala la falta de transporte para desplazar a enfermos con una urgencia a los hospitales de la ciudad: «Solo hay una ambulancia para toda una región y si está ocupada o tiene una avería no pueden hacerlo y tienen que buscar a vecinos que puedan llevarlos».

La misión en Mozambique de Paco terminó hace un año pero ellas continúan con las tareas impulsadas. La cuatro mujeres recorrieron desde el 26 de mayo hasta el 25 de junio varias localidades de España como Canarias, Madrid, Cáceres y Arroyomolinos, y revelan que «es una gran alegría poder conocer en persona a las mujeres del taller que tanto les ayudan y a quienes están tan agradecidas». «Ayudar a personas que no conocen simboliza que son personas de un gran corazón».

En su visita a Malpartida, se les hizo una recepción en el Ayuntamiento y pudieron conocer a las mujeres de la asociación. Y así, Malpartida y Mozambique estrechan lazos con historias humanas muy distintas que reflejan que la solidaridad, no entiende de fronteras.

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