Reflexiones acerca de la pintura de Alfonso Barriga

Cuadro ganador del Premio Ateneo, de Cáceres. Autor Alfonso Barriga
LA VOZ DE LOS POETAS Y ESCRITORES DE MALPARTIDA

 Nuestro querido amigo Alfonso Barriga ha sido distinguido por el Ateneo de Cáceres con el Primer Premio del Certamen de Pintura de 2011. También su obra ha sido reconocida recientemente en el Concurso de pintura de San Vicente de Alcántara. Mantiene Alfonso en estos últimos años una notable actividad pictórica empeñada en una profunda renovación de su obra que expone de modo itinerante por la geografía extremeña: Hervás, Plasencia, Llerena, Cáceres, etc.

Ver no es lo mismo que mirar.

El viajero distraído ve; el viajante atento mira.

Mirar es habitar lo visible que, de algún modo, penetra por los ojos hasta el interior de uno mismo.

Todo lo esencial es invisible a los ojos.

La realidad contiene infinitos matices escondidos detrás de las cosas visibles. Describir lo que se ve con los ojos equivale a expresar lo evidente. Mirar a través de la mente trasciende lo inmediato, más allá de la contingencia de las cosas, hasta interpretas. Percibir a través de los ojos, la mente y el espíritu a la vez capta la realidad profunda de cuanto vemos e intuimos, descubre la esencia oculta de las cosas y establece una relación con ellas. Es el ser o no ser, el sentido de la vida.

El ARTE puede expresarse en cualquiera de estas tres posibilidades: descripción, interpretación y creación. Depende del autor y de la destreza de su técnica.

Por eso a través del Arte se manifiesta la metamorfosis de la realidad. Y por eso, cuando nos asomamos a una obra de arte, sentimos el vértigo de contemplar algún aspecto inadvertido de nuestro propio mundo interior: paseamos por un paisaje externo que reconocemos porque, de algún modo, pertenece a nuestro propio paisaje interior.

La mirada de los ojos de Alfonso Barriga, pintor, es la del agua limpia de las tierras arenosas de Malpartida, subterránea, que fluye por regatos y se remansa en charcas y pozos; la de las peñas rotundas y soleadas de granito; la del canto luminoso de las cigüeñas; la de la luz cegadora del verano que se ha quedado a vivir entre las mieses de la siega y las casas encaladas.

Cuando Alfonso mira más allá de lo que los ojos captan interpreta también, inconscientemente, el mundo humano que le rodea, el que meció su infancia, un mundo  parco en palabras,  elemental en las emociones, austero en las costumbres, sobrio en los pensamientos, rutinario en las creencias.

Y, aunque posee el don innato del dominio de la pintura y el dibujo él lo considera una expresión meramente descriptiva; de ahí que su búsqueda y su empeño en esta segunda etapa de su obra vayan más allá y se hayan centrado, dentro del mundo figurativo, en el universo de la luz a través del color, un mundo sutil e inabarcable, tanto como las invisibles ondas que lo provocan.

Alfonso Barriga ha intuido que la creatividad está en la luz, en las vibraciones de la luz, origen de todas las cosas, de todos los colores, como la naturaleza que los crea y los destruye a cada momento; y pareciera, como los creadores que antes de él descubrieron el santo grial de la esencia de las cosas, que le gustaría acceder al Olimpo de los Dioses del Arte para distinguir gamas, matices, grados, escalas, intensidades y mezclas del color, para suplicarles que le hagan partícipe del fuego sagrado de la inspiración, para que, con una pincelada de color pueda crear un mundo de luz, para que un toque de su pincel sea la llave que abra la puerta de un sueño de inimaginables vibraciones de luz, que ya no le vale el don recibido de representar simplemente lo que ve, que necesita un mundo superior.

Y los Dioses del Olimpo le han mostrado el camino: a cambio de la inspiración debe inmolar todo el Tiempo de su vida, que lo deje todo, que se consagre en cuerpo y alma a sumergirse en la luz, hasta que la posea y sea poseído por ella, sólo entonces podrá plasmarla porque solo puede darse aquello que se posee.

 En el cuadro que premió el Ateneo (una imagen cotidiana de gran formato donde una joven lee una revista sentada en un banco de cemento) se vislumbra la línea a seguir: una primera visualización evidencia la fidelidad a la realidad figurativa de la que no puede escapar porque es la esencia de su temperamento, el sustrato de su mirada, aunque eso ya no es lo más importante.

Lo más importante ahora es la técnica con la que trata de expresar su intención reflejada a través de la espontaneidad de la escena, la frescura de la composición y, sobre todo, de la nueva pincelada que pugna por acaparar todo el protagonismo y que se hace muy expresiva; destaca el estudio y la distribución del color, repleto de matices, así como el tono sostenido de su intensidad tanto en las manchas de los colores primarios -espectacular por su sencillez- (amarillo en las flores, rojo en la bufanda, azul en los pantalones), como en el resto del cuadro: un mosaico innumerable de grises.

Esperamos ver mucho más del desarrollo de la pincelada de color y luz que Alfonso persigue obsesivamente siguiendo la estela de la pintura española de la segunda mitad del XIX y primera del XX, sobre todo la de su admirado Sorolla; o Regoyos, Rusiñol, Beruete que investigaron el estudio de la luz en la pintura