Rebuscando en el baul de las abuelas

Detalle del mantón de las caras. Foto INES ROMAN
TRADICIONES

Con la llegada de la primavera,  sentimos como se acerca la llegada se nuestro Santo Patrón San Isidro Labrador, y nerviosos, nos ponemos a rebuscar en el baúl de la abuelas. Ahí encontramos nuestros más preciados pañuelos, esos que nos ponemos para obsequiar a nuestro Patrón acompañado de nuestras mejores galas.

            Comenzamos utilizando el pañuelo de plumaje cuando vamos a recibirlo a la Cañada. Es un pico de paño de distintos tonos de verdes, que se borda en lana de colores a punto de cadeneta. Se remata con un zócalo de terciopelo morado o verde, pero algunos de los más antiguos lucen flecos sacados del paño. El bordado a cadeneta es sin duda lo que más lo diferencia del resto de mantones. También de este tipo son el llamado pañuelo de laurel, por su dibujo, y el de la cesta, por centrarse en una cesta de flores. En resumen, son tres dibujos con tres nombres distintos pero confeccionados con la misma técnica.

            También son usuales el pañuelo de cien colores o el de tres cenefas, que son pañuelos de lana de rico colorido que utilizaban nuestras abuelas para las tareas de labranza, llamado también el oriental el primero de ellos por representar formas parecidas a esta cultura y en el segundo por diferenciar tres grecas florales. El pañuelo de sandia es de hilo fino de lana y aunque su diseño es de flores y hojas, recibe este nombramiento por su fondo blanco y los motivos en rojo. De este pañuelo podemos encontrar otra versión en azul. Estos tipos de pañuelo son más frescos y considerados como más inferiores por no poseer esa gran carga de trabajo que supone el bordado.

            Y como olvidar los pañuelos más emblemáticos y que se lucen en los momentos de mayor arreglo. Entre ellos destaca el pañuelo de ramo que se bordaban en tela de lana, merino, con hilos de colores procurando destacar siempre los rojos y verdes junto con la elegancia del realce que otorga el enrejado de un buen fleco de hilo negro. En esta tipología podemos incluir el pañuelo del pavo, que aunque no está bordado, es muy elegante tanto por color como por su fleco. Este pañuelo lo solían traer los novios a sus futuras mujeres al regreso del servicio militar.

Y para terminar mencionamos el mantón de manila, de todos los colores de tela combinados con cualquier variedad de tonalidades de hilo, negro bordado en colores, crema en colores, amarillo en blanco, y así hasta donde alcance la imaginación. Comprados, bordados, traídos de otras partes y de las tiendas locales.

Rebuscando en el baúl de las abuelas, junto con las flores de los pañuelos guardamos también nuestros recuerdos.