Representación de la ópera Fluxus "El Jardín de las Delicias", en el M.V.M.

Conmemoración del 80 aniversario de Wolf Vostell y 50 primeros años Fluxus

ARTE

La "obertura" de la ópera fluxus "El Jardín de las Delicias", la puso el público 30 años después de que Wolf Vostell creara este espectáculo multimedia para el Festival Pro Música Nova de Bremen, en el año 1982. Más de doscientos vehículos, esos a los que el artista alemán utilizara en sus obras como fuente de inspiración,  convirtieron el camino a Los Barruecos en un peregrinar y fueron ocupando los alrededores del Museo Vostell Malpartida, escenario en el que se representaba, por primera vez de manera íntegra, esta obra.

Decía días atrás en las páginas de nuestro diario HOY, la directora de Foro Sur Cáceres 2012, Rosina Gómez, que sus objetivos eran "asociar la región extremeña, de excelente y rico patrimonio histórico, a propuestas culturales y artísticas ligadas a la contemporaneidad", y entendemos que el museo de arte contemporáneo Vostell Malpartida, estará desde ayer, si es que ya no lo estaba antes, señalado como uno de los sancta sanctorum del arte conceptual.

Asistieron la Consejera de Educación y Cultura, Trinidad Nogales, la Directora General de Patrimonio Cultural, Pilar Merino, el Director General de Promoción Cultural, José A. Agúndez, entre otros, acompañados del alcalde de Malpartida Alfredo Aguilera y de la directora del Goethe-Institut Madrid.

Por cierto que queremos dejar constancia de una recomendación al hilo de la presentación. Suponemos que la masiva presencia de espectadores desbordó las previsiones de la organización, pero los discursos iniciales, fueron seguidos por una parte pequeña del público, dada la estrechez del recinto en el que se realizó, quedándose la mayoría fuera en los alrededores de la sala central en la que se desarrollaba el acto. No hubiera sido mala idea haber sacado la megafonía al exterior para que el resto del público pudiera seguir las intervenciones de los oradores.

FICHA TECNICA

Dirección Musical y arreglos: José Iges

Escenografía: Mercedes Guardado

Dirección Técnica: Pedro López

Sopranos: Delia  Agúndez, Anna Clementi, Rosario Cruz, Ariane Jebulat y Merran Laginestra

Cantaor: Pedro Peralta

Coro: Coro Rivas (Rivas Vaciamadrid)

Dirección del coro: Rodrigo Guerrero Elorza.

La ópera fluxus el Jardín de las Delicias puede considerarse la gran obra de Wolf Vostell en el terreno musical, y su representación en Malpartida por medio de Foro sur Cáceres 2012, homenajea al artista alemán en su 80 aniversario y los primeros 50 años desde que Fluxus se presentara oficialmente en el Festival Fluxus de Wiesbaden, en 1962.

La obra, dividida en 4 actos con una duración aproximada de 120 minutos, fue acogida por el muy numeroso público amante de este tipo de arte con vivas muestras de admiración, como se comentaba en los corros posteriores a la representación. El primer acto, Juana la Loca, de desarrolló en el patio central delante del lavadero de lanas donde las cinco sopranos cantaban versos extraídos de "El Cantar de los Cantares del Rey Salomón", siguiendo las indicaciones de Vostell en una nueva adopción del concepto dé-coll/age.

Público y sopranos se mezclaron en el espacio de la Depresión Endógena en un diálogo de voces y ruidos escenificado con situaciones mundanas en una  lucha de voces de las cinco sopranos, procurando ocupar cada una su espacio, buscando distintas formas de expresión.

De vuelta a la nave central la escenografía puso en escena el tercer acto de la ópera El Jardín de las Delicias, Los Vientos,  con una mezcla de voces y ruidos metálicos, acompañados de movimientos interpretativos.

El punto final, impulso para la interactividad actores-público nos llevó al cuarto acto, el "amabile", el momento de la fusión del vanguardismo con la acción humana, en actos tan corrientes del día a día como puede ser el comer (el público  tuvo oportunidad de degustar lechuga con aceite), en medio del diálogo y la fiesta. Un acto: "El Rocío", en el que el cantaor cacereño Pedro Peralta, nos puso de manifiesto que el flamenco es un arte de siglos, de sentimientos, y que su entronque en cualquier actividad sea del tipo que sea, pone siempre un toque de emotividad, que obliga al recogimiento del espectador.