José Fajardo Pedrera, impulsor del movimiento cultural de Malpartida

Ha fallecido una de esas personas que hizo grande el teatro de la localidad a mediados de los 70

Una escena de La Pasión en 1978. HOY
ARTE

Se cierra el telón. Aplausos. Música fúnebre. Voz en off: "Un manotazo duro, un golpe helado, /un hachazo invisible y homicida, / un empujón brutal te ha derribado".

Con estas palabras nos relataba Marisol Lancho, su leal amiga, el dolor que ha sentido una parte de la juventud malpartideña, de una época dorada como fue la de los años 70, en el plano cultural, y en la que nuestro protagonista abría caminos y rompía moldes poniendo las "primeras piedras" de un bagaje cultural, inconformista y socializante  del que debe sentirse orgulloso hoy día una población como Malpartida.

En soledad, casi de puntillas, se nos fue un día de octubre José Fajardo Pedrera, joven, psicoanalista, con algunas canas ya, pero conservando ese espíritu rebelde, de lucha, de inconformismo que llevó prendido durante cerca de 60 años, desprendiendo jirones de docencia que siempre recogían, etapa tras etapa, los que siempre fueron sus amigos, Marisol Lancho, Joaquín Pedregal, Justi, María Jesús, Plácido Avilés, Pedro Manuel Castela, Antonio Gómez y tantos y tantos que colaboraron con él en el mundo del teatro, de la poesía, y, en general, de un escenario.

Más que decir nosotros cual fue la importancia para una época de José Fajardo, es más fácil recurrir a epitafios que nos han brindado quienes de verdad le conocían, le apreciaban y le ayudaban.

Marisol Lancho escribía de él:

Volverá a abrirse el telón mientras vivamos los que tuvimos la suerte de dejarnos llevar por tu pasión, de aprender de ti que "la vida es sólo sueño/ y los sueños, sueños son". Éstos, los que por la década de los setenta éramos quinceañeros, te oímos hablar de poesía, de teatro alternativo, de cantautores, de ópera, encendiéndonos la llama incandescente del ARTE que nos acompaña e intentamos transmitir.

Empezaste, como buen maestro, por lo fácil, escenas costumbristas del pueblo: los quintos con garrafa de vino y cánticos celebrando su entrada en la etapa adulta, el pretendijo, el dote, el acompañamiento, las avisanderas acaloradas aceptando el vasino de gaseosa, y el duelo, con la rezaora, plañidera a destajo, como protagonista absoluta.

De ahí a Chamizo, "Las brujas", candiles, brasas, oscuridad del pueblo que oculta sus raíces.

Ya pensabas que estábamos preparados para el teatro con mayúsculas, Valle-Inclán, ¡qué atrevimiento!, y nos llevaste a representar "Ligazón" y  "La rosa de papel", del "Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte". Irrepetible puesta en escena. Por si esto era poco y animado por la respuesta de los malpartideños, nos embarcaste en "El embrujado" (¡ay Juana de Juno, tu favorita, mi favorita!) Sencillamente genial.

Asumiendo más riesgo nos deleitaste con "El gran teatro del mundo" de Calderón en el atrio de la iglesia una noche de luna lunera. Invitaste a Julio, doblador muy reconocido, para la voz en off, quién, impresionado, le habló a Francisco Umbral de ese fenómeno cultural en un pueblo de Extremadura. Desde entonces él se rindió a los malpartideños (algunos recordaréis la Noche Triste del transvase Tajo-Segura en que Umbral vino a compartirla con nosotros en Los Barruecos).

Mientras tanto, José nos enseñaba a dramatizar poemas, a recitar, a cantar los versos de Alberti, Lorca, Miguel Hernández, Machado, San Juan de la Cruz, Celaya, El Arcipreste de Hita, los cantares populares del pueblo, dando lugar a los Festivales de poesía,(¿cuántos pueblos cuentan en su bagaje cultural con festivales líricos?) Malpartida sí, gracias a José y a su sensibilidad, a su inteligencia natural, primitiva, sana.

Dejo para el final, aparte e intencionadamente, la gran obra ofrendada por él a su pueblo: "Pasión y muerte de Jesucristo" en la que todos fuimos protagonistas.

Se abre el telón, aparece José Fajardo y con un gesto de extensión de brazos invita a todos los malpartideños a presenciar la función "mil gracias, querido amigo".

Psicólogo de profesión durante más de 30 años, porque según él "siempre me gustó la mente humana", hizo sus estudios de psicoanálisis en Madrid, miembro de la Fundación Cencillo de Pineda y formó parte del equipo de la Asociación Extremeña de Ayuda al Toxicómano, pero su segunda actividad... ¿y por qué no la primera?, fue su ligazón a la vida cultural de este pueblo.

Plácido Avilés, otro de sus amigos, le dedicaba "in memoriam" una parte de sus recuerdos:

Quiero reflejar en breves trazos, los rasgos que, según mi opinión, le caracterizaron y que han dejado una huella imborrable en todos aquellos que en alguna época vivimos con él.

Comprometido con su tiempo, mantuvo siempre una actitud crítica. Durante sus estudios en Madrid, formó parte de esa juventud contestataria que en los años setenta pedían nuevos horizontes, cosa que le ocasionó algún leve problema con el orden establecido.

Me asombraba su capacidad de observación: captaba la psicología de la gente del pueblo y la plasmaba fielmente en obras de teatro que escribía, con una comicidad y profundidad que hacía retratarse y reír.

Manejaba un sinfín de contrastes: al mismo tiempo dirigía y protagonizaba obras de gusto clásico, como técnicas de teatro desconocidas en aquellas fechas (recitales de poesía con pantallas con sombras, voces en off...). Derrochaba energía sin límites, haciendo los montajes, buscando sus actores, hasta conseguir lo que se proponía.

Nos aglutinaba a su alrededor porque su sentido del humor hacía imposible el aburrimiento. Creo que le escuchamos al menos cincuenta veces el mismo chiste ("el chiste de los anillos"), un chiste de veinte segundos, que él contaba siempre de forma distinta alargándolo media hora, introduciendo siempre nuevos personajes. Acabábamos siempre llorando de risa. Otras veces cantábamos al son de una guitarra canciones protesta y sudamericanas durante horas y horas, acompañados por una queimada o por una botella de "vino del cura".

Lo mejor que puedo decir de él es que, aunque poseía temperamento fuerte, que no sabía ni quería disimular, era una persona buena. Fue siempre fiel a sus amigos. Siempre que le necesitamos, estaba allí. Nos ha dejado una impronta más fuerte de lo que creíamos. Le deseamos que descanse en paz y felicidad".

Con la representación de la primera Pasión, en 1978, a cargo del Grupo Arcos, José Fajardo llevó  el teatro a la calle e involucró a todo un pueblo durante dos días convirtiendo las calles de Malpartida en un escenario gigante. Meticuloso en extremo, perfeccionista, recurrió para el montaje a quien más podía ayudarle, además de los actores: Antonio Gómez, un profesional de la enseñanza en el campo de la Electrónica y verdadero artífice de aquella  Radio Malpartida F.M., que en la revista Los Barruecos (Mayo, 1985) comentaba que "con José Fajardo y José Mª García Parra, despertó en mi la afición al teatro".

Uno de los principales actores de aquella representación, miembro del Grupo Arcos, Joaquín Pedregal se lamentaba así de la pérdida del amigo:

"Hace unos días se nos fue José Fajardo, hizo el último mutis por el foro del último acto de su vida; en mi despedida quiero agradecerte los buenos momentos que nos hiciste pasar representando a Valle-Inclán o a Lorca, organizando certámenes poéticos, disfrutando de tus improvisaciones de las costumbres de Malpartida, cuando, junto a Marisol Lancho erais autenticas avisanderas o apenadas dolientes de los atávicos duelos de nuestro pueblo...

"Te empeñaste en que yo hiciera el papel de Jesús en aquellas dos primeras representaciones de "La Pasión" y, pasados los años guardo un bonito recuerdo. Te doy las gracias por haber contado con tu amistad en aquellos años de la primera juventud. Siempre estarás en mi recuerdo"

La última etapa de José Fajardo fue una continuidad de lo que había sido una constante en su vida: el arte dramático. Así se expresaba una de sus últimas alumnas, Victoria Hernández, " José Fajardo, en  la última etapa de su vida, gozaba de una vocación teatral muy acentuada que arrastraba desde su juventud, y no sólo desde el punto de vista interpretativo, donde los análisis de los personajes eran minuciosos y detallistas y su interpretación compleja y  provocativa, sino también como  escritor dramático, escritura que elaboraba aunando los elementos propios de la vida, suya y/o ajena, con la teatralidad de un ambiente visto desde el punto de vista psicológico.

 Aún hoy, continúo agradecida por haberme confiado  una gran variedad de sus textos, con los cuales José me permitió conocerle de una forma más profunda.

Destaco algunos títulos de sus escritos, como: "Isabel"; "El Caballero y la Luna", "Los Invasores", "El hombre no puede estar solo" y otros tantos textos, poesías, relatos... caracterizados por la gran capacidad introspectiva que poseían sus palabras, sucesos y reflexiones. Acojo también, en esta idea, otra variedad de escrituras, algunas inacabadas, otras todavía sin ordenar, bocetos dramáticos y literarios capaces de trasgredir los límites entre lo real y lo ficticio, con los que casi siempre, José, pintaba las realidades  más profundas de cualquier existencia humana.

Con la Asociación que construimos "Aldaba Siglo XXI", la cual  José presidía, algunas de sus obras fueron representadas por  pueblos extremeños,  ante un público variado y  muy completo que nos ayudaba  con su visión constructiva a hacer florecer las posibilidades creativas que José percibía de forma inmediata.

Otras de sus obras, sin embargo, se quedaron en el proceso y no se llegaron a mostrar, pero aportaron hazañas y claves que beneficiaron trabajos venideros.

Los preparativos de los proyectos que José tenía siempre en mente, se intercalaron en alguna ocasión con Talleres dirigidos por él mismo: "Taller sobre Sueños",  especialmente muy valorado por los participantes, dato recogido en las encuestas finales, pues  José los desarrollaba con una técnica y una profesionalidad muy acertada.

La facultad de soñar  de José y su capacidad pragmática para transportar esos sueños a la realidad se traducían en la autorrealización personal, llena de dinamismo  e implicación en sus proyectos, proyectos que siempre compartía con todos nosotros.

Durante los últimos meses de su vida, José, ya viéndose abatido por los achaques que sufría,  continuaba, en la medida de lo posible,  compaginando su desarrollo profesional con su afición teatral. Así, siempre y cuando su trabajo y sus circunstancias personales se lo permitían, se reunía con su último grupo de teatro para ensayar, pues estaba en pleno proceso de montaje, donde esta vez representaría un papel muy similar al de su propia vida.

 José, con todos los rasgos que le caracterizaban, se convirtió en una fuente de inspiración para mi persona, una lección magistral que la vida me regaló desde el primer momento en  que me encontré con él.

"A ti, José, ahora que el Telón de la obra de tu vida se ha bajado, deseo, que donde quiera que estés, recibas en armonía los aplausos que te honran".