LA ESTACIÓN ARROYO-MALPARTIDA

Locomotora engalanada con motivo de una Sabatina que la Barriada de la Estación Arroyo Malpartida dedicaba a la Virgen de la Montaña. Años 50. ::JAAG
HISTORIA

La llegada del ferrocarril a nuestra región en el siglo XIX no solo transformó las comunicaciones terrestres existentes hasta entonces, sino también las estructuras socioeconómicas de todas las comarcas por donde discurrió. En 1863 llegó a la estación de Badajoz el primer tren de viajeros procedente de Elvas (Portugal). A partir de ese instante y hasta finalizar el siglo, Extremadura vivió la fiebre del "hierro". Toda la región se lanzó a unir trazados norte-sur y este-oeste. Kilómetros de vías férreas en las que las estaciones jugaron un papel esencial para el progreso económico de las poblaciones que las albergaban. Una de esas estaciones fue la de Arroyo-Malpartida.

La construcción de la línea Madrid-Cáceres-Portugal no se concibió como una única línea internacional. En realidad se formó tras la unión de tres líneas independientes entre sí y concedidas en principio a distintas empresas. Los tres tramos fueron Madrid-Malpartida de Plasencia; Malpartida de Plasencia-Estación Arroyo-Malpartida; y Estación Arroyo-Malpartida-frontera portuguesa por Valencia de Alcántara.

Uno de los acontecimientos que aceleró todo este trazado ferroviario fue el descubrimiento en 1865 de los yacimientos de fosfatos del Calerizo en Cáceres. Hasta entonces para llevar este mineral hasta los mercados europeos, se trasladaba en carros hasta Mérida y desde allí en tren hasta Lisboa. Era, por consiguiente, un transporte difícil y costoso que aconsejó llevarlos directamente en ferrocarril desde las mismas minas hasta la capital portuguesa. Poco después entró en escena el que podemos considerar creador de Aldea Moret, el once veces ministros y tres presidente del Gobierno, Segismundo Moret y Prendergast quien en 1876 consiguió los derechos de explotación del Calerizo cacereño y verdadero impulsor de la línea internacional Madrid-Portugal al fundar la "Compañía del Ferrocarril de Cáceres a Malpartida y a la Frontera Portuguesa".

De esta forma, aunque en principio la Estación Arroyo-Malpartida ni estaba contemplada en la línea Madrid-Lisboa, acabó siendo una estación estratégica y uno de las grandes poblaciones ferroviarias de la región en Extremadura en la que el depósito de máquinas de locomotoras constituyó uno de sus principales atractivos. Los algo más de 71 kilómetros que separaban esta estación con Valencia de Alcántara se inauguraron el 15 de octubre de 1880 y un año después, 20 de octubre de 1881 los casi 85 kilómetros existentes entre Malpartida de Plasencia con la Estación Arroyo-Malpartida. Con este último tramo se cerraba la línea que se iniciaba en la estación madrileña de Delicias.

La ubicación del enclave ferroviario a medio camino entre Malpartida de Cáceres y el entonces Arroyo del Puerco hizo de la Estación una población con una especial relación con ambas localidades con las que siempre tuvo un contacto intenso a lo largo de los casi 100 años de pleno funcionamiento, y en consonancia con el incremento demográfico que fue experimentando con el paso de los años. Efectivamente, si en 1898 la población absoluta de la Estación Arroyo-Malpartida era de 224 habitantes, en 1940 era ya de 676 y en 1960 de 1.107, la cifra más alta de toda la serie histórica. A partir de esa fecha la demografía comenzó a decaer. En 1975 ya únicamente se contabilizaban 138 personas, y hoy día unos 50, lo que la convierte en una estación casi fantasma.

Aunque en un principio la población de la Estación Arroyo-Malpartida la conformaron exclusivamente ferroviarios jóvenes que se trasladaban con sus familias, conforme pasaron los años fueron apareciendo una serie de servicios ajenos al funcionamiento propio de la estación como van a ser el de una maestra (1898), una fonda y una librería (1904) o la inauguración de la capilla-escuela para enseñar a niños de "ambos sexos" (abril de 1910), ceremonia festiva que se celebró por todo lo alto con la presencia del Obispo de Coria y el que jugaron un papel fundamental los malpartideños y malpartideñas con su alcalde, Juan Domínguez, a la cabeza, "desde muy temprano se notaba en todas las calles del pueblo de Malpartida inusitado movimiento. Las jóvenes ataviadas con lo mejor de sus cofres corrían presurosas camino de la estación, temerosas de llegar tarde y ¡eran las 7 de la mañana!".

Dos años después llegaría un médico que cubriría los servicios sanitarios de los "estacioneros", ya que hasta entonces se atendían por los facultativos de Malpartida. Otros momentos especialmente lúdicos en la que participaban los pueblos limítrofes era la celebración de las fiestas de la población que se verificaban en el mes de mayo de cada año, y que desde 1925 tuvieron una organización muy notable. Dos días de fin de semana en el que numerosas personas acudían a los bailes que allí se celebraban, "fueron muchas las distinguidas familias que se trasladaron al citado lugar animando la verbena que tuvo lugar en unión de las bellas muchachas de Arroyo y Malpartida (señoritas Collado y Mariño) que también concurrieron". Estos bailes generaron en numerosas ocasiones inicios de noviazgos entre estacioneras con malpartideños; estacioneras con arroyanos; e incluso malpartideños con arroyanas, o viceversa, y que en muchos casos acabaron en matrimonio.   

La Estación Arroyo-Malpartida también fue explotada convenientemente por este último pueblo con motivo de la feria de ganados anual. De hecho, la propaganda municipal de Malpartida, por ejemplo, anunciaba en la prensa regional este enclave como el principal reclamo para la celebración del rodeo de la localidad en la feria de ganado de 1925 que tuvo lugar entre el 15 y el 19 de septiembre, "El rodeo se ubica próximo a la estación férrea Arroyo-Malpartida lo que hace concebir el mayor éxito de la misma y la concurrencia de forasteros para los que se reservan las mayores comodidades".

Pasada la Guerra Civil, la estación experimentó sus años de mayor apogeo, la población aumentaba sin cesar lo que provocó la proliferación de negocios particulares dedicados al ocio y donde el baile semanal, el cine, que se abrió por primera vez en 1955 por Benito Domínguez, un empresario procedente de Malpartida, y el fútbol, con un equipo que competía asiduamente contra los del resto de la provincia y con muy buenos resultados, reflejaban la vida cotidiana de una localidad donde la "renta per cápita" de la población era bastante elevada en comparación con su entorno.

Los años de gloria terminaron en la década de los setenta del siglo pasado. Desde 1973 la estación comenzó a despoblarse una vez inaugurado el tramo Cáceres-Casar de Cáceres, evitando el rodeo obligado de los trenes por la estación Arroyo-Malpartida con dirección a Madrid. Ello sumado a la introducción del diesel dejó a la estación en un muy segundo plano durante las últimas cuatro décadas. En consecuencia, y lamentablemente fue trasladado el médico hasta la estación de Cáceres, desapareció la figura del sacerdote y se suspendió la actividad en la escuela desde 1981.

Nota: Este artículo está dedicado a mi amiga María del Carmen Domínguez Pedrera. Hace ya muchos años ella fue la primera que nos aclaró los interrogantes que teníamos sobre nuestra estación.