Julio Manzano Gómez, toda su vida en la construcción

Julio con algunas de sus maquetas. Foto ALBAGAR
HA PARTICIPADO EN MAS DE 40 CONCURSOS DE ALBAÑILERIA

Afortunadamente jubilarse no significa actualmente perder toda actividad y dedicarse a la vida contemplativa. Son muchos los ejemplos en los que al jubilado le faltan horas al día para hacer aquellas actividades, puramente vocacionales, que durante la vida laboral no ha podido desarrollar y que esta nueva etapa de la vida le permite desarrollar.

Julio Manzano Gómez es uno de ellos tras 46 años de profesión. "Empecé a trabajar a los 12 años, llevando agua con un burro a las obras. Era tan pequeño que cuando cargaba en las aguaderas los cántaros, que por cierto pesaban más que yo, se me vertía el agua en el pecho, hasta que mi madre, con una cámara de tractor me hizo un peto con lo que evitaba los catarros que me cogía por las mojaduras"

La escuela poca y a ratos, cuando podía. Algunos veranos, cuando venían del campo, su madre lo llevaba a una escuela particular. De aguador ganaba 12 pesetas la mitad por poner el burro y el resto su jornal. Sacar adelante en aquellos tiempos una familia de seis hermanos era ciertamente complicado con un solo sueldo, y además escaso, y todas las ayudas que se pudieran prestar a la casa eran bienvenidas.

La construcción ha sido toda su vida. Su abuelo, su padre, y todos los varones de la familia, han pertenecido a éste sector, con épocas buenas y otras menos buenas "yo no elegí la profesión, me la dieron elegida. Me considero un profesional de la construcción. En mis inicios nuestro trabajo era la mayor parte en el campo. Hacíamos cobertizos, corralás, cortijos. En los pueblos había muy poca construcción. No había ni para comer como para hacer obras en las casas"

De los 14 a los 16 años trabajó de pinche, después peón y a los 17 años ya trabajaba con la paleta haciendo de oficial "aunque me pagaban como peón". Nos enseña una fotografía trabajando en el saneamiento cuando se hizo el C.P. Los Arcos. Y así hasta los 64 años.

Julio es de esas personas que no mira la edad que pone su DNI. Por eso, hace ahora casi veinte años, cuando su vida laboral ya languidecía, toma un día la determinación de ir a Mérida a presenciar un concurso de albañilería, y tanto le gustó aquello, que se acercó a la Federación de la Construcción y se empapó de lo que tenía que hacer para asistir a esos concursos. A partir de ahí, Plasencia, Navalmoral, Cáceres, y tantas y tantas poblaciones contaron con Julio en sus concursos de albañilería, ya fueran locales, provinciales o regionales. Calcula que puede haber participado entre 40/50 concursos de este tipo. Del éxito de estos concursos hablan los muchos trofeos repartidos por toda la casa, y, sobre todo, unas preciosas maquetas de algunas de las obras realizadas, y que deberían exponerse en algún sitio.

"En estos concursos, en la cuadrilla, tan importante es el oficial como la pareja que le acompaña, sin él, estando compenetrados, no sería posible el éxito" "Yo tenía la suerte de que me acompañaba siempre mi hermano Pedro que en sus inicios era albañil, y ahora trabaja de conductor en la Junta de Extremadura"

Pero esa inquietud no termina ahí, su tiempo lo agota en otras varias actividades, que también son dignas de tener en cuenta. Julio fue uno de los primeros hombres en la creación de la coral malpartideña Manantíos en 1992, los fines de semana sale de ruta en bicicleta con sus amigos de la asociación El Pedal,  es miembro del grupo de coros y danzas Virgen de la Soledad, fue en su día miembro activo de la Cofradía de Guardadores y Alabarderos y es vicepresidente de la Hermandad del Nazareno