Angel Arias Crespo,pintor y malpartideño de vocación

Ha recogido en un catálogo su testamento artístico

Angel Arias, pintor malpartideño.
A SUS 87 AÑOS TODAVIA SIGUE PINTANDO EN SU ESTUDIO

La revista la Nora, de abril del 2008, publicaba una entrevista con Ángel Arias Crespo, pintor que, aunque nació en Zamora, hace ahora 87 años, se siente malpartideño, ya que vino a este pueblo con dos años, en 1926, y se marchó con 14 años. Estos doce años que estuvo Ángel viviendo en Malpartida, le han grabado, y se considera malpartideño por los cuatro costados. Su padre, Manuel Arias López, militar de profesión, llegó a ejercer de alcalde de Malpartida y su  madre, doña Teresa,  fue maestra de escuela, también aquí, en Malpartida, en las que inaugurara en la plazuela del Sol.

La amistad con éste corresponsal, viene desde que volviera a sus raíces, Malpartida, en el año 2005. Este malpartideño adoptivo, enamorado de Los Barruecos, donde se ha perdido muchas tardes contemplando el paisaje de aquella zona "no me perdono faltar un día a la semana para visitar Los Barruecos", continúa pintando todavía en su pequeño estudio en la primera planta de un edificio de la calle Arturo Aranguren de Cáceres.

Solemos visitarle con frecuencia, y departimos algunos ratos en los que no tiene alumnos, que acuden a él para iniciarse en los primeros pasos de la pintura. Un sinfín de cuadros atiborran la pequeña estancia, y entre ellos, algunos alusivos a la mujer malpartideña o a Los Barruecos.

La vida de Ángel Arias a la que nuestros lectores pueden acceder, recurriendo al número 3 de la revista cultural La Nora que edita el Ayuntamiento de Malpartida, ha sido una vida siempre relacionada con la pintura.

En nuestra visita nos muestra el último catálogo de sus obras, al que él llama "testamento artístico, pensando lo que hemos hablado de Malpartida, que es algo mío, y que he hecho como recuerdo para algunos amigos, y de personas que me han conocido. En él va un poco de todo. He querido meter cosas muy viejas, porque con 18 años hay que comer 3 veces al día, y había que hacer de todo, desde ilustraciones de libros, publicidad para grandes empresas y vender cuadros a turistas en los paseos de París".

En cada conversación que tenemos alude a sus primeros años en Malpartida "Jugábamos en las Peñas del Tesoro a peleas de piedras, y en la plazuela del Sol, que era de tierra, donde de vez en cuando pasaba algún que otro carro cargado de sandías. No olvido esa plazuela con el cuartel de los guardias y la fragua de los Agúndez, donde afilábamos los picos de las peonas" (La Nora). De esa época recuerdo con mucha nostalgia a Luis doncel, a Paco Casares, (e l hijo de su maestro), a Paco Mogollón, a Toñín Sandoval, a Teo, que su abuelo era médico y vivía en la calle Carmen, en la esquina, donde estaba en aquellos tiempos la farmacia de "Bernabé el de la botica", y que por cierto jugaba muy bien al futbol.

Su gran preocupación es el destino de su obra. No oculta que, a su edad, tiene que pensar en el destino de sus cuadros, y donde irán a parar cuando él falte. Últimamente ha tenido conversaciones con responsables de Caja Extremadura para el depósito de su obra, e incluso con el ayuntamiento de Cáceres "no me gustaría que mi obra se perdiera en cualquier contenedor de basura o se venda a precios de saldo por algunos marchantes de trastos viejos".

Su ilusión es que Malpartida recoja parte de su legado algún día, y utilice algunos de sus cuadros para colgar en alguna instalación municipal. Con Víctor del Moral, el anterior alcalde, ya tuvo algunas conversaciones en ése sentido.

 La vida de Ángel Arias, se nos presenta como una vida apasionante. Su afición por el dibujo le llevó a Salamanca en la escuela de Artes y Oficios. En Madrid hizo Bellas Artes, donde aprendió técnicas con pintores reconocidos de la época como Julio Moisés o Torrens, y donde también conoció a Eugenio D´Ors, un crítico de arte, filósofo y persona muy inteligente. Copista oficial del Museo del Prado y una obsesión: Francia, a donde llegaría después de estar 12 años en Argelia, una vez conseguida esta nación su independencia.

Su vida en Francia, tuvo de todo.  Después de estar un tiempo sin trabajar, empezó a moverse con  un cartón de dibujo ofreciéndose a empresas de publicidad. Más tarde llegaría a adquirir un cierto prestigio como ilustrador en editoriales como Larousse o Hachette, llegando a ilustrar más de 40 libros. También llegó a vender cuadros a una media de 3000 francos franceses cada uno.

En el 2003 falleció su mujer y en el verano de 2005 regresó a España, dejando allí a su hijo y sus tres nietos. Aquí en España, vuelta a sus raíces, a su Malpartida, a sus Barruecos...