El Cuarteto Bretón junto a José Antonio Agúndez, director del MVM. John Stokes, el cuarto por la izquierda.
El Cuarteto Bretón junto a José Antonio Agúndez, director del MVM. John Stokes, el cuarto por la izquierda. / cedida

«El Museo Vostell es un sitio perfecto para la música del Cuarteto Bretón»

  • John Stokes, del Cuarteto Bretón, habla sobre los inicios de la formación y la importancia de recuperar la música John Stokes Músico violonchelista

A finales de septiembre, el Museo Vostell Malpartida celebró su XX edición del Ciclo de Música Contemporánea. Al mismo estuvo invitado el Cuarteto Bretón. El chelista John Stokes, nacido en Canadá, es uno de los integrantes, quien nos recibió con toda su amabilidad y regaló su tiempo para la siguiente entrevista.

–¿Cómo y por qué surge el Cuarteto Bretón?

–El Cuarteto Bretón comenzó en el seno de la Orcam, la Orquesta de Cámara de la Comunidad de Madrid, por las necesidades que había para llevar a cabo algunos proyectos de la orquesta. Yo tenía un cuarteto que luego se disolvió, por lo que estuve buscando otra salida para poder tocar música de cámara. Mientras tanto hacía otras cosas, como tocar en un sexteto de cuerda, pero para mí el cuarteto de cuerda es el más grande y el de más rico repertorio. José Ramón Encinar, quien fuera titular de la orquesta entonces, estaba empezando con unos proyectos en el Centro de Fusión de Música Contemporánea, y había muchos en conjunto, 400 en el museo Reina Sofía tocando música, no solo contemporánea, sino también recuperaciones en residencias de estudiantes donde tenían tanta importancia de Falla o Buñuel, desde 1913 hasta hoy día, aunque la época dorada fue la de los 50. Entonces comenzamos a hacer música de esa época que nadie toca, como el Cuarteto Plateresco de Julio Gómez. Hemos sido reconocidos por esto. Hemos volcado en seis discos música de españoles, incluso de algunos vivos (risas). Tocamos una gran variedad de música.

–¿Por qué decidieron que fuera música de cámara?

–Cuando uno toca en una orquesta es bonito tener tanta gente y tanto sonido, estar dentro de ese envolvente sonido tocando grandes obras, esto es una gozada, pero no puedes elegir la versión que tocas. Hay muchos directores y cada uno tiene sus gustos, su estética. Pero a la hora de tocar con cuatro puedes controlar la estética a tu manera, o al menos al 25% (risas), entonces es más íntimo. Mira, en enero vamos a tocar con los Stradivarius Palatinos en el Palacio Real de Madrid, que va a ser nuestra segunda vez, y vamos a estrenar el décimo cuarteto de Cristóbal Halffter, que es un reto para nosotros y un gran honor porque es un encargo de Patrimonio Nacional, entonces es una gozada hacer cosas así, obras tan importantes. Poder interpretarlas es una gran suerte.

–¿Qué es lo que caracteriza a la música del Cuarteto Bretón?

–Mucha pasión y mucha entrega. Hay otros cuartetos que son conocidos por su fineza, su delicadeza, porque son sutiles..., cada cuarteto desarrolla su propia personalidad y no sé, con tantas ganas como tenemos tocamos con mucha entrega. Hace poco, tras tocar un solo, dos señores mayores se acercaron a mí al terminar el concierto y me dijeron «qué bien has tocado, cómo se nota que te entregas, que sientes la música». Creo que nuestra identidad es que vivimos la música y esto se transmite al público.

–¿Es complicado vivir de la música en España?

–Como canadiense-británico me siento privilegiado por poder tener mi trabajo en la orquesta y tener un cuarteto que funciona y ofrece conciertos. Pero en comparación con otros países europeos, en España es muy difícil hacer de la música de cámara una carrera. Hay filarmónicas que dan conciertos pero estar en España y dedicarse a eso es muy difícil y la crisis se ha notado muchísimo. Yo tocaba en un octeto de violonchelos, el Octeto Ibérico de Violonchelos, que fundó Arizcuren en Madrid y era algo imposible. Ocho violonchelistas y un director, ningún ayuntamiento tenía el presupuesto para llevarnos. Lo que sí es desastroso en España son las ediciones. La recuperación es tan necesaria porque esta música se escribió, se tocó una o dos veces y se guardó en un cajón y no se puede tocar porque están en sitios como la Fundación Juan March, donde se puede ver pero no coger la ‘partizzela’ y tocarlo. En 2013 estrenamos el cuarteto nº 8 de Conrado del Campo, que edité yo. Año y medio me llevó terminarlo en mis ratos libre. Era un proyecto entre nosotros y la fundación Juan March. Hemos estrenado en 2013 una obra 100 años después de haberse escrito. Me parece una locura. En 2015 había unas conferencias de cuartetos de cuerda españoles de 1750 hasta hoy en día en Granada y yo expuse una charla sobre mi trabajo en esta edición. Llegaron para tocar musicólogos de Alemania, Austria, Italia, Inglaterra… y no podían creer lo que oían porque hasta entonces no había salido del cajón. Hacer esto sin los fondos del gobierno o de una institución es casi imposible porque dedicas uno o dos años de tu vida para sacar una. Hay que tomar decisiones porque quitas tiempo a otras cosas que te vienen, porque siempre vienen proyectos. Hace poco llegó el concurso de piano de Jaén y tuvimos que dejar todo para estudiar.

–¿Les ha gustado tocar en el Vostell?

–Sí, porque para este tipo de música contemporánea que hemos tocado es un sitio perfecto y luego la ayuda que nos han prestado ha sido genial. Ya estamos presionándoles para que nos puedan permitir volver (risas).

–¿Qué tipo de público asiste normalmente a sus conciertos?

–Es muy variado porque en una filarmónica piden cierto tipo de música para no ‘asustar’ y poder decir «ah, yo conozco esto» y aquí ponemos algo más contemporáneo para expandir sus gustos y sus mentes. Hay mucha diferencia entre el tipo de público que acude a estos festivales contemporáneos y los de una filarmónica, porque la música es como un sastre, hecho a medida para el público.

–¿Cuál ha sido su mejor momento o recuerdo que tiene con la música?

–Hay un antes y un después cuando te llaman desde Patrimonio Nacional y te dicen: «¿Quieres venir y tocar con los Stradivarius en el Palacio Real?». Los techos altísimos, con la opulencia del mármol y las alfombras, y en esos momentos, es curioso, los instrumentos están dormidos por no tocarlos. Conforme vas tocando, llega un momento que hay una explosión de sonido y el instrumento abre. Tocas y el sonido tiene tanta calidad y tanta potencia con cuatro instrumentos del mismo constructor que suena como un disco. Lo hemos pasado bomba tocando con ellos.

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