«Nunca se me ha dado bien venderme ni echar literatura a lo que hago»

Juan José Narbón avanza en esta etapa creativa por la senda del hiperrealismo./jorge rey
Juan José Narbón avanza en esta etapa creativa por la senda del hiperrealismo. / jorge rey

Inmerso en una fase hiperrealista, el cacereño ha participado en dos exposiciones colectivas en Roma y París

CRISTINA NÚÑEZMalpartida de Cáceres

Asume Juan José Narbón Romero (Cáceres, 1963) que uno de sus puntos flacos es la memoria. «A veces no me acuerdo del nombre de los sitios, o de autores, se me va», dice con cara de incomodidad por esa «tara» arrastrada sin remedio. «Es terrible, terrible, así estoy siempre». A cambio, como si la naturaleza le hubiera compensado, ha nacido con el don de la pintura. Quid pro quo. Narbón Romero, hijo del conocido pintor Juan José Narbón, fallecido en 2005, afronta una etapa de productividad con la que avanza hacia un hiperrealismo que por momentos, dice, es realismo mágico.

Además de los retratos, marca de la casa y con los que logra una enorme profundidad psicológica, sus últimos trabajos mezclan su interés por los interiores, las figuras humanas y los aspectos oníricos e inesperados que generan preguntas en el espectador. Pese a que Narbón Romero lleva años sin exponer de forma individual, en los últimos tiempos sus obras han podido verse en París y Roma. Se trata de exposiciones colectivas en las que ha participado con una obra. En el l'Espace Thorigny de la capital francesa y en el Palazzio Ferrajoli de la italiana han podido contemplarse las obras de este autor. Entre sus últimos logros, el año pasado ganó el primer premio Salón de Primavera de Sanchinarro (en Madrid). Combina los encargos (es retratista de la Diputación y del Ayuntamiento) y su labor didáctica con su trabajo creativo, asistemático y que nace más a golpe de inspiración que de férrea disciplina.

-¿Por qué momento de creatividad atraviesa?

«La memoria de mi padre está arrinconada, no hay voluntad de hacer nada con el museo» «Para el retrato me gusta lo singular, la peculiaridad, lo que exprese algo, la belleza»

-El verano suele ser una etapa más productiva para mí, aunque este verano ha sido un poco diferente por la exposición en Roma. Una amiga que vive allí me presentó a Armando Principe, que lleva 'Artetra', una asociación que organiza exposiciones y premios. Mi amiga le enseñó trabajos míos y le gustaron, me propuso participar en una exposición colectiva. Ha estado muy bien lo de Roma, porque a través de otro amigo he podido vender un cuadro, el retrato del actor cacereño 'Bola'. El comprador es el último descendiente de Bernini (escultor, pintor y arquitecto barroco). Es un hombre destacado, viaja mucho y me han dicho que estuvo trabajando en Notre Dame valorando los daños sufridos por el arte de la catedral tras el incendio, se dedica a eso.

-¿Y en París?

-También he participado en una exposición colectiva, la organiza también 'Artetra'. La obra que he expuesto es 'Evolución', es el desnudo de una chica que fue mi alumna. Está sentada con un cuchillo, habla un poco sobre el tema de la violencia.

-También ha ganado algún premio recientemente.

-Bueno, me dieron un premio pequeñito por un retrato, 'Ramón', el cantante de mi último grupo de música, Jerigüey. La cuantía económica fue pequeña, 1.000 euros y un viaje a una cabaña de árboles en Madrid. Fue el 'Salón de Primavera' de Sanchinarro. Ahora voy a presentar una pequeña obra de 18x13 a un certamen en Milán, el Ex voto. Es una niña con una toalla en la cabeza.

-¿Hacia donde va evolucionando su pintura?

-He evolucionado hacia un hiperrealismo. En cuanto a la temática hace unos años hice paisajes, algunas ciudades, después vino la figura, algo que mantengo, el realismo mágico. Me gusta que la gente al verlo piense algo. Yo no doy una explicación lógica ni exacta.

-¿Los encargos de retratos de personas con un físico convencional como se los toma?

-Los hago, son trabajo, aunque igual me gustaría que esas personas vinieran con algo más destacado, con un atuendo especial, con una cresta, una cicatriz, o que fuera un anciano de 80 años. Para el retrato me gusta lo singular, que exprese algo: la belleza, la peculiaridad.

-¿Cómo pinta?

-Yo soy muy rápido, resuelvo pronto. Puedo hacer un cuadro grande en unas 50 horas. No soy muy sistemático, soy más de momentos de inspiración. Hay veces que estás más perdido sobre qué tienes que pintar. Y muchas veces te aprovechas de lo que te encuentras. Lo que sí me cuesta mucho es venderme, hay gente capaz de echar mucha literatura sobre lo que hace, yo no lo hago.

Su padre

-El año pasado hubo un gran movimiento en torno al museo de su padre en Malpartida para pedir su reapertura. ¿Ha cambiado algo?

-Es muy complicado. Pertenece a una entidad privada (Fundación Caja Extremadura, de Liberbank) y los dueños no somos nosotros ni la Junta ni ningún organismo público. No hay voluntad, y los cuadros de mi padre siguen allí. El problema es que mi padre trabajaba con materiales poco resistentes al paso del tiempo. Hay 400 dibujos que no se han expuesto. La memoria de mi padre está arrinconada, haces un museo en nombre de alguien y ¿cuánto tiempo permanece abierto? Poquísimo.

-¿Hay alguna huella de su padre en su pintura?

-No tengo nada que ver con los campesinos que hizo él en los 70 ni con los de los 80 ni al final, que casi eran un símbolo. Yo no tengo nada que ver con esa temática, pero lo que sí es que tiendo a los colores apagados como él.

-Los genes de artista sí los ha sacado.

-Si, pero yo me siento obligado a decir que además de tener el padre que tuve tenía miembros de la familia que escribían, pintaban, cantaba muy bien. Gabriel Romero era periodista de Radio y Enrique Romero, 'Quinito', trabajaba en el HOY. Aparte de la pintura me he dedicado a la música. Yo tengo más de la familia de mi madre que de la de mi padre. Y me parezco más.

-¿Cómo ve el mundo artístico en la ciudad?

-Hay poco, galerías solamente queda Kernel. A veces paso por El Brocense y no hay nadie, y eso que está en el centro de la ciudad.